domingo, 1 de octubre de 2017

Los perros que muerden

Dicen que hay dos días importantes en la vida de un ser humano. El día que naces y el día que descubres porque naciste.
Desde que estamos en la escuela nos ponen bajo una gran presión con constantes preguntas y frases como: ¿qué te gusta hacer? ¿qué quieres estudiar? Saca buenas notas, haz la tarea, pórtate bien.
En realidad nada de eso importa en el mundo real. El colegio lo describen como la mejor época, pero digamos que es como la niñez pero con un poco más de libertad y bastantes errores por cometer. Luego, comienzas la vida, llamado mejor "el mundo adulto". Si ya estás aquí. Saludos, bienvenido al mundo real.

Yo a los 17 años cuando me gradué del colegio, estaba decidida en estudiar odontología. Era mi sueño desde niña. Recuerdo la primera vez que fui al odontólogo, me encantó. Me agradaba el olor del consultorio, el ambiente, el respeto que sienten los pacientes por el personal de salud y sobretodo lo bella, brillante y poderosamente millonaria (o al menos clase alta) que se veía mi doctora. Digamos que me atrajo su estilo de vida, quería ser como ella. A decir verdad, porque no los voy a engañar. Un compañero 3 años mayor que yo en el bachillerato, en mi primer año, me hizo muchísimo bullying por mis dientes, creo que eso ayudó a que me obsesionara más con el tema de odontología y acá estoy... a año y medio de ser odontólogo de la República Bolivariana de Venezuela ¿Wooou no?


Retomando el tema del bullying. A pesar de ser una persona actualmente muy sociable, a primera impresión segura de mi misma, imponente, líder. En mi niñez o principios de mi adolescencia me hacían bullying, poco, pero hirieron mucho mis sentimientos, de tal manera que hice todo por tener un aspecto agradable y volverme intocable para cualquiera. Recuerdo que el muchacho mayor que se burlaba constantemente de mis dientes me hacía querer evitar los lugares del colegio que el frecuentaba, lo odiaba con todas mis fuerzas y a la vez le tenía mucho miedo. También recuerdo que antes de dormir lo imaginaba y le deseaba lo peor. Años más tarde, cayó en las drogas y hasta a rehabilitación tuvo que internarse. Gracias a Dios, al parecer, ha superado los vicios.


Bueno, en fin... uno a los 17-18 años no tiene una personalidad sólida, no hemos definido quién somos, qué queremos, en qué somos buenos y mucho menos tenemos la madurez para elegir la carrera universitaria correcta que "supuestamente" ejerceremos el resto de nuestras vidas.


Yo siempre quise odontología, pero siendo honesta, no me veo atendiendo pacientes el resto de mi vida, de hecho quiero hacerlo el menor tiempo posible. Me imagino que se preguntaran qué quiero hacer entonces y la respuesta es simple: escribir. Quiero ser escritora, quiero motivar a las personas con mis letras y con mis palabras. Quiero instruirme lo máximo posible en el mundo de motivación y psicología para ayudar a las personas a tener una vida más sana y feliz.


¿Sabes? la vida es ruda. Y si sale alguna algún ciego positivo, llamo así a los que quieren ver todo lindo y bello todo el tiempo, la realidad es que la vida es dura. Lo explicaré con una anécdota que me encanta:

Un hombre iba conduciendo su coche y accidentalmente se lleva un perro por delante.
Se baja del auto enseguida y corre a auxiliar al animal. Lo observa y ve que tiene una pata herida, justo cuando intenta sanarlo, el perro lo muerde. El hombre estalla de ira y no logra comprender como a pesar de sus buenas intenciones en intentar ayudar a sanar al perro, el animal lo acaba mordiendo. Su esposa le responde: no te mordió el perro, fue su herida. Tocaste justo su herida.

Así somos... Cuando tocas la herida de alguien, acaba defendiéndose, atacando, alejándose. Hay personas heridas haciendo heridas a personas sanas. Hay personas sanas intentando sanar heridos y terminan lastimados. No se puede tener todo, pero si lo mejor de algo. La vida es para los coleccionistas de momentos gratos.


Debo tocar manera, agradecer por las mañanas, rezar, orar, todo lo supersticioso, mágico, espirtitual que se pueda hacer para agradecer de cierta forma que desperté un día y encontré y decidí vivir mi pasión. Se que quizás ser "escritora" en este país Venezuela es sinónimo de "te morirás de hambre" porque vivo en un lugar donde gana mas dinero quien compra y vende dólares, que un licenciado o ingeniero. Pero siempre he sido de las que les gustan los retos grandes, las montañas empinadas y por suerte, mi terquedad me ayuda en estos casos.


Mis queridos lectores. Corroboró, hay dos días importantes en la vida de un ser humano. El día que naces y el día que decides dedicarte a la razón por la que naciste.

Porque de nada vale saberlo y no hacerlo.

Y acá estoy sanando heridas propias y enamorándome de los perros que muerden.


Deséenme éxito.


Gracias por leerme.

Giu.





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